Preferías esperar al golpe final, en lugar de estar sufriendo constantemente, día a día, los golpes y golpes que acribillaban tu mente cargados de una efímera, falsa e ilusa culpa, y tanto así era como intensa.
Esperabas recibir el amenazante ataque que pondría final a una última batalla de tantas guerras comenzadas, dejarte vencer sin oponer ninguna resistencia, mostrarte débil al enemigo como siempre se ha debido hacer y siempre tú habías hecho, no seguir peleando más, rendir las palabras a un simple: lo sé.
Siempre queda grabada alguna frase determinante dicha por alguien, lanzando todo su odio en las palabras más crueles que pueda pronunciar en mucho tiempo, frase que te marcará la vida e incluso llegará a destrozartela, quien sabe bien si gracias a la intención de la mente que las pronunció, o sin que su poseedor lo quisiera.
Escuchar todo eso, mientras sientes un nudo en el estómago, tiemblas, no puedes tragar saliba y sientes un presión enorme en la cabeza, ya sea por aguantar demasiado o vete tú a saber por qué.
Se reclama final. Ya. Antes de que las pequeñas puñaladas constantes culminen en un sufrimiento que conduzca a la locura y al no control, se prefiere una muerte a una mosca por medio de un cañonazo.