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JMDCA

No sé explicar lo que siento hacia ti. Ni siquiera a mí misma consigo explicarme de qué manera conseguiste embrujar mi confianza y seducir mi locura para sacarlas a pasear mientras me dabas un primer beso en un simple puente de madera. Me da la risa cuando recuerdo lo que pensé al verte en el coche sin más iluminación que la de un foco ensombrado por árboles ese diecisiete de mayo: este tío me da miedo. No obstante, ingenua de mí, decidí subirme a tu super bólido (aunque no tan bueno como el laguna) en lugar de salir corriendo como una loca. ¿Por qué? Pues aún no logro entenderlo, pero desde luego no entra ni por asomo en la lista de errores de mi vida, y con matrícula de honor entra en la de mis aciertos. Quizá sea pronto para aventurarme a clasificar mis decisiones pero, por suerte o desgracia, una de mis características es la de ordenar la mayoría de las cosas que me rodean (mil perdones, me he ido por las ramas). Creo que decidí subirme a tu coche porque pese a solo haber hablado contigo vía móvil, tuviste la facilidad de ganar mi confianza, y conseguir hacerme sentir a gusto con tu voz, tu forma de hablar, tus conocimientos sobre casi todo, y lo poquísimo que alcance a conocer sobre ti antes de verte cara a cara. Me dijiste que hago sentir bien a la gente cuando están conmigo, y eso es porque tu consigues que sea yo misma, es lo que me permite dejarte entrar en mi personalidad, mis gestos, mi manera de entender las cosas. Podría seguir hasta mañana escribiendo, de hecho terminando ahora me quedo a medias de todo lo que te quiero decir, cosas que son para decir en persona pero que no digo bien por mi escasa locuacidad en el habla, bien por no encontrar la ocasión propicia. Si quiero dejarte algo escrito: no te asustes de las cosas que van apareciendo a tus ojos, no te aferres a una sola respuesta. Si tienes oportunidades de disfrutar aprovéchalas sin reparo, como tú bien me dijiste, las cosas nunca se repiten igual. Déjame que te ayude a aprovechar algunas de esas oportunidades.