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My angel.

Estaba tan concentrada en la película que me olvidé casi por completo de su grata presencia. De repente se acercó a mi oreja y dejó caer suavemente su barbilla en mi hombro, y suspiró diciendo:
-¿Sabes qué?
-¿Qué?
Su respiración logró, como siempre, desconcentrarme un poco.
-Ayer mandé un ángel de la guarda para que te protegiese mientras dormías.
-¿A sí?
-Si, pero volvió y le pregunté -Al ver que iba a empezar una especie de relato de los suyos, puse la película en pausa y volví a acomodarme en la cama para escucharle-:
-¿Por qué vuelves?, ¿no te dije que la protegieras?
A lo que él respondió:
-Si, pero el problema es que a un ángel no es necesario que lo proteja otro ángel, y es que en realidad y lo que tú no sabes es que ella es un ángel, y es ella quien te protege y te cuida como si fueras la estrella más valiosa de todo el firmamento, porque a tí te tiene guardado el amor más grande que un ángel ha podido llegar a tener por su protegido.
Nunca dejes que sus alas se lastimen, ayúdale a volar cuando ella no pueda ni levantarse, seca sus celestiales lágrimas, y acaricia sus labios de un tacto más valioso que el de todos los pétalos de todas las rosas del mundo juntas.
-¿Y ese ángel quién es?-Pregunté muy intrigada.
-¿Y hace falta que lo preguntes?-Respondió interrogantemente él, sonriendose y acercando su cara a mi hombro de nuevo.

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